Una sexóloga rural. Creando comunidad a través del sexo
Una mochila, un coche y muchas aulas rurales
Una sexóloga rural. Así me defino, porque la sexología rural es mi día a día. Cada semana preparo mi mochila: libros, juegos, técnicas y nuevos materiales para debatir, con la convicción de que hablar de sexología es hablar de convivencias, de vida en común, de vínculos, interdependencias, y, con ello, mejorar la comunidad.
Cargo todo en el coche y tomo carreteras secundarias que serpentean entre huertas, algodonales, viñedos y pueblos donde la gente aún se conoce por su nombre. Viajar así se ha convertido en parte de mi trabajo: recorrer kilómetros hasta llegar a colegios, institutos o grupos de personas adultas donde las sexualidades se convierten en el centro del espacio de aprendizaje colectivo. Desde hace años llevamos la sexología a las aulas rurales.
Cuando permanecemos varios días en un mismo pueblo, los niños y niñas nos reconocen en la plaza, corren hacia nosotras y, con una mezcla de timidez y orgullo, nos presentan a sus familias: «Mira, es la sexóloga». En ese momento comprendemos que ya no somos visitantes, sino parte de la comunidad. Y es ahí donde se hace visible una verdad profunda: el sexo, siempre vinculante, no se limita al aula, también contribuye a tejer pertenencia, confianza y comunidad.
Isaac Puente y la semilla de la sexología rural
Desde hace años llevamos la sexología a las aulas rurales, pero nuestra labor no surge de la nada. En los años 20 y 30, Isaac Puente, médico libertario, recorría a pie o en bicicleta los pueblos de Álava, atendiendo a familias campesinas con la misma cercanía con la que escribía sus artículos en la Revista Estudios. En ellos defendía la necesidad de hablar de sexualidad con claridad, de derribar tabúes y de acercar el conocimiento a quienes más lo necesitaban.
Isaac Puente, “el sexólogo rural”, mostró que el sexo no podía quedar encerrado en manuales médicos ni en discursos moralistas. El sexo se hizo, en aquellos años, pensable, y, por ello, había que hablarlo en las plazas, en las casas y en las escuelas, allí donde se tejía la vida cotidiana. Su mensaje en ese momento era revolucionario: educación sexual para todos y todas, igualdad entre mujeres y hombres, conocimiento, libertad y responsabilidad compartidas.
Cuando hoy entro en un aula rural y veo cómo una pregunta curiosa abre un debate entre adolescentes, o cómo un grupo de personas adultas comparte experiencias con respeto y escucha, pienso en Isaac. Él nos recuerda que la sexología es también justicia social. Y en ese reflejo, seguimos su estela: acercando conocimiento, acompañando procesos y demostrando que la sexualidad atraviesa, inevitablemente, cada aspecto de la vida comunitaria.
Talleres que siembran confianza y redes

Qué es el amor. 5º de primaria
Nuestros talleres parten de las posibilidades y no de los miedos. Abrimos espacios donde se juega, se debate y se crean definiciones colectivas sobre lo que significa amar, cuidar o convivir. A veces, las respuestas llegan con una sencillez que conmueve. Una niña escribió: “El amor es algo suave y dulce, como la miel, pero a veces pica”. Otra dijo a su prima, mientras saltaba a la comba: “El amor es algo que va saltando de persona en persona”.
En sexto de primaria, en medio de un debate sobre la facilidad con la que a veces se habla de romper vínculos o la fragilidad de las relaciones, un alumno ofrecía otra mirada poniendo en valor el esfuerzo: “el esfuerzo en una relación es como un cultivo: hay que regarlo, cuidarlo y sonreír para que crezca”. Y entre dibujos de hojas, un grupo anotó palabras como confianza, comprensión, cuidado, lealtad, para hablar de amar.
Ese tipo de imágenes, nacidas de la mirada infantil, nos muestran que la educación sexual no es teoría abstracta, sino experiencias que dan forma a cómo nos relacionamos.
En estas aulas rurales celebramos la curiosidad, la diversidad y la riqueza de los vínculos. Hablamos de interdependencia, de respeto mutuo y de la vulnerabilidad como una forma de fortaleza. La sexología rural no es transmitir recetas, sino crear diálogos vivos que refuerzan redes comunitarias y siembran confianza en cada rincón donde trabajamos.
ASÍ SÍ: Atención sexológica integral. Servicio Itinerante
La sexología rural no se limita a los talleres escolares. En muchos municipios pequeños desarrollamos también ASÍ SÍ: Atención Sexológica Integral, Servicio Itinerante. Un servicio pensado para acercar la sexología allí donde nunca antes había existido un recurso especializado, de manera integral y cercana.
Esto significa que, además de entrar en las aulas, ofrecemos espacios de consulta y acompañamiento individual, de pareja o familiar. A veces llegan adolescentes que quieren resolver dudas sobre sus primeros encuentros, otras veces familias que buscan herramientas para hablar de sexualidad con sus hijos e hijas, o parejas que necesitan dibujar de nuevo sus seducciones, conectar a través de caricias olvidadas o, simplemente, recordar por qué se eligen cada día.
ASÍ SÍ nos recuerda que la educación sexual no es solo prevención, también es acompañamiento a una esfera vital. Del mismo modo que Isaac Puente recorría pueblos para atender necesidades de salud, hoy seguimos esa senda llevando la sexología allí donde las distancias y la falta de recursos generan silencios.
Sexología rural: una apuesta compartida
La sexología rural no es una anécdota, es una apuesta sostenida en el tiempo. En los pueblos puede que haya menos recursos especializados, pero lo que hay es comunidad, cercanía y ganas de participar. Desde 2019, gracias a programas de educación sexual como los impulsados por el Área de Igualdad de la Diputación Provincial de Cádiz, hemos mantenido una presencia continuada en municipios pequeños, construyendo año tras año espacios de confianza, aprendizaje y prevención.
Junto a esta vía, otros proyectos, como ASÍ SÍ: Atención Sexológica Integral, Servicio Itinerante, muestran que la sexología rural puede desplegarse en múltiples formatos y llegar también a quienes necesitan un acompañamiento más personal. Todo suma a un mismo horizonte: que la educación y la atención sexológica estén al alcance de cualquier persona, viva donde viva.
Cada proyecto, ya sea un ciclo de talleres en escuelas o una consulta en el servicio itinerante, es una oportunidad para abrir conversaciones necesarias y fortalecer redes. En Insex entendemos la sexualidad como un saber vivo, que se entiende y se atiende, parafraseando a Marcos Sanz. Y en lo rural esa definición cobra más fuerza: la sexología se despliega en plazas, carreteras secundarias, aulas pequeñas y consultas “improvisadas”. Isaac Puente abrió el camino, y hoy seguimos sus huellas en cada contexto en el que trabajamos.
Como Amezúa, entramos en la sexología atraídos por la frondosidad de las hojas; y, poco a poco, fuimos descubriendo la secreta seducción de sus raíces. Y en lo rural, quizá más que en ningún otro lugar, esas raíces son las que sostienen la vida comunitaria.
Porque la sexología se estudia, se vive y se comparte. Y porque, en cada pueblo, descubrimos que cuando la sexología se hace en comunidad, no tiene fronteras.
Una sexóloga rural
es también la historia de quienes hemos recorrido este camino. Los proyectos de educación sexual en zonas rurales han sido desarrollados por Inma Martínez y Nacho López, socios fundadores de Insex y responsables de las iniciativas mencionadas. Pero este trabajo no habría sido posible sin la colaboración de Leire Hernáez, María Baena, Diana Ferrer, Andrea García, Idoia Echaniz y Paula Bermejo, sexólogas y/o expertas en Sexología aplicada a la intervención social y educativa, que en distintos momentos nos han acompañado, aportando su experiencia y su compromiso para hacer crecer cada proyecto.





