O el ser humano es un ser sexual o no es absolutamente nada”.

 

Iwan Bloch, 1904.

La Sexología surge como disciplina en Europa a principios del siglo XX. Allí encontramos sus raíces, el pensamiento organizado en torno a “sex” y, siguiendo la línea temporal, en torno a la idea de sujeto sexuado, en construcción biográfica, relacional y referencialmente. De esto hablamos cuando hablamos de sexo, de identidades, vivencias, relaciones, interdependencias, deseos, proyectos, encuentros…

Sin embargo, este fértil campo se ha plagado de malas hierbas que nos dicen que el sexo es algo que se tiene (genitales), algo que se hace (practicar sexo), algo que se consigue (orgasmos, placeres), algo que oprime o discrimina (poder, violencias) o algo que perpetúa la especie (reproducción)*. Desde esa idea de sexo, se estandarizan y normativizan las vivencias sexuadas. Se nos dice qué debemos ser y cómo deben ser nuestros cuerpos, qué nos debe gustar, cómo y cuánto, convirtiendo en parafilia todas aquellas peculiaridades eróticas que se salen de la norma y en trastornos lo que, por
regla general, no son más que dificultades comunes o expresiones de diversidad.

“podemos cultivar
el sexo,
redescubrirlo como
lo que realmente
es: el concepto, la
idea y el valor con
más humanidad”

Una vez troceado el sexo es fácilmente trasladado al mercado. Si tenemos la medida de “lo normal”, el capitalismo hará el resto: juguetería de estimulación genital prometiendo orgasmos, farmacéuticas vendiendo erecciones y lubricaciones, sacralizadores de la salud que están reduciendo la educación sexual a “fornicación sanitaria”, gurús inventándose trastornos postmodernos, etc.

Y así, el sexo ha sido vapuleado, vilipendiado, se le han dado tantos significados que apenas se intuyen sus raíces entre tanta mala hierba. Un sexo lleno de miserias con una mochila cargada de peligros y dificultades, al servicio y lucro de unos cuantos (muchos). Gran parte de los problemas que aparecen asociados al sexo son resultado de una deficiente educación sexual y de un sistema de valores ineficaz, producto de trasladar la lógica del mercado a la intimidad y a los proyectos de vida, de mercantilizar los deseos, de patologizar la diversidad y de olvidar que somos, sobre todo, convivenciales e  interdependientes.

Frente a esas miserias, podemos cultivar el sexo, redescubrirlo como lo que realmente es: el concepto, la idea y el valor con más humanidad a partir del que podemos explicarnos, entendernos, relacionarnos y compartirnos.

Por eso en IN|SEX, Iniciativa Sexológica y Acción Social, apostamos por una Sexología radical: una Sexología con sexo. Y desde aquí, recuperando sus riquezas, acompañamos en el conocimiento y cultivo de cada peculiar forma de ser sexuado (identidades, orientaciones, relaciones y proyectos).

Así, hacemos nuestra la afirmación de Havelock Ellis cuando decía que entre los sexos se dan más situaciones de potencial cultivable que trastornos que requieran tratamiento o curación, y brindamos por ello.

 

 


*Díez Arrese, S., Herranz Roldán, A. y Rodríguez García, A. (2012): Educación social y sexología, una relación real, necesaria y urgente para una nueva educación sexual. Valencia: VI Congreso estatal de educación social.

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